Mantener aislados a los principales cabecillas de las estructuras criminales ha sido la solución a un problema que aquejaba a comerciantes de todo tipo y que por el desinterés de los gobiernos anteriores parecía no tener fin.
En el CECOT están encerrados cabecillas de grupos de pandillas que vivían una vida llena de lujos a costa del sufrimiento de familias honradas y comerciantes a quienes les exigía el pago de cuotas económicas, bajo la amenaza de matarlos si no cumplían.
La megacárcel es clave para cortar la comunicación de la estructura, algo que ha dejado a ciegas a los delincuentes, que poco a poco se van reencontrando con sus compinches, pero en la prisión.
En las calles, la población ha perdido el temor y al más mínimo intento de criminales que falta por capturar, los denuncian en redes sociales, algo que ha permitido la captura de muchos.
Antonio, un salvadoreño que trabaja como mecánico, así como muchos emprendedores, fue víctima de estas estructuras criminales obligado a pagar miles de dólares.
“Pasé 10 años pagándole $300 a los pandilleros, ese dinero me hubiera alcanzado para comprar una casa”, señala este salvadoreño, que con el actual gobierno ha visto como incrementan sus ganancias, porque dejó de pagar la extorsión.
Analistas políticos señalan que gracias al CECOT ahora los salvadoreños están aprendiendo a vivir en paz tras más de tres décadas de sufrimiento y que la población ha decidido respaldar el proyecto del presidente Nayib Bukele.